Pieza del mes

Abril de 2025

Pinceladas sobre la última revolución de Colombia y siluetas políticas – José María Vargas Vila (1887)

Kevin Estupiñán Ochoa

En la colección de Lux non occidat hay una pieza que puede pasar desapercibida por su tamaño, sin embargo, sus páginas resguardan la memoria e identidad liberal en la decadencia de los Estados Unidos de Colombia. Se trata del libro Pinceladas sobre la última revolución en Colombia y siluetas políticas (1887), obra del escritor José María Vargas Vila. Este documento exalta la lucha democrática contra la opresión y el autoritarismo y constituye un testimonio de la guerra civil de 1885, que enfrentó a las fuerzas del presidente Rafael Núñez contra los últimos bastiones de los liberales radicales.

De la colección Lux Non Occidat: Museo y Archivo Histórico.

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Vargas Vila nació en Bogotá en 1860 en el seno de una familia liberal. Desde joven, fue autodidacta y se apasionó por la literatura y la política. Esto lo llevó a militar dentro del liberalismo radical. Fue maestro en Ibagué, Guasca y Anolaima, sin embargo, por su espíritu combativo y su oposición al conservadurismo fue perseguido y censurado. Sus habilidades lo convirtieron en una figura destacada dentro del liberalismo. Durante la crisis política de 1880 se acercó a los círculos más combativos del liberalismo y en 1885 tomó las armas junto con las filas radicales en defensa del país forjado por la Constitución de 1863.

Exiliado tras la derrota de los liberales radicales en la guerra civil, Vargas Vila publicó Pinceladas sobre la última revolución en Colombia en 1887 en Maracaibo, Venezuela, donde encontró un ambiente más propicio para expresar sus ideas sin temor a la censura ni a las represalias del gobierno colombiano. Desde allí inició un exilio que lo llevaría por varios países de América y Europa, consolidándose como un escritor polémico y un férreo opositor de los regímenes autoritarios. Sus obras, cargadas de un fuerte contenido anticlerical y antitiránico, le valieron la censura en múltiples naciones, pero también le otorgaron gran popularidad en círculos liberales y anarquistas. Su pluma mordaz atacó a los gobiernos conservadores y a la Iglesia Católica. A lo largo de su vida, publicó más de 80 obras en las que defendió el pensamiento libre y la rebeldía frente al poder. Pasó sus últimos años en Barcelona, España, donde falleció en 1933.

La primera edición de esta obra se imprimió en la Imprenta Americana, pionera en Venezuela en introducir la técnica de fotograbado, lo que permitía una mayor nitidez en publicaciones con imágenes y marcó un hito en la impresión de fotografías en medios periodísticos de ese país. Esta imprenta se fundó en 1881 por el periodista Eduardo López Rivas y gozaba de reconocimiento internacional. Vargas Villa buscó garantizar que su libro tuviera una impresión de alta calidad y adecuada visibilidad, características distintivas de la editorial.

Este libro es una obra fundamental que nos acerca a entender, desde el liberalismo radical, el contexto que rodeó la guerra civil de 1884 – 1885. Vargas Vila presenta el libro como “una protesta noble y viril de un pueblo libre en defensa de sus derechos”. Además, rinde homenaje a los generales y combatientes caídos, reforzando la causa liberal en un momento clave de la historia nacional. En la primera parte del libro, con una estructura narrativa testimonial y un énfasis político, Vargas Vila no solo documentó eventos históricos, sino que resaltó el heroísmo y la resistencia de los liberales; siendo la historia de una rebelión y un conflicto civil y, a la vez, una relación apasionada y comprometida con la causa liberal, que exalta a los héroes y mártires de la lucha contra el gobierno de Rafael Núñez.

En la segunda parte, denominada Siluetas, presenta un breve relato biográfico de figuras importantes del liberalismo que participaron en aquel conflicto. Fueron personajes que dieron su vida luchando contra el proyecto de la Regeneración. Entre otros, hace la alabanza alegórica de Ricardo Gaitán Obeso, Pedro José Sarmiento, Luis Lleras y Adolfo Mario Amador. Vargas Vila exalta a estos líderes como héroes sacrificados en defensa de la libertad y condena a sus opositores como traidores a la causa republicana. Destaca al general Daniel Hernández, a quien describe con profunda admiración por su valentía y compromiso con la lucha liberal. Lo retrata como un mártir que llevó la revolución a su punto más alto y cayó heroicamente en la batalla de La Humareda. También exalta a Fortunato Bernal, presidente del Estado Soberano de Santander durante el conflicto, cuya muerte simboliza el ocaso del liberalismo radical en la región.

Por eso cuando ya llegaba la traición de Núñez a su colmo, el partido liberal de Santander, después de lidiar en las urnas contra las bayonetas del pretorianismo y de ver pisoteada su voluntad, resolvió apelar al supremo recurso de la guerra, encontró el alma de Fortunato Bernal, que unido al ‘Caballero de la democracia’, se lanzó a las armas para reconquistar esos derechos vulnerados, en una revolución que recordaba la de los Comuneros por la prodigiosa rapidez con que se desarrolló.

Uno de los episodios centrales del libro es el relato de la batalla de La Humareda, librada el 17 de junio de 1885, el enfrentamiento definitivo entre los radicales y las fuerzas gubernamentales. En este combate, las tropas liberales perdieron sus últimos recursos materiales —vapores, cañones y armamento—, mientras que gran parte de sus tropas y su élite militar, además de jóvenes de la intelectualidad liberal, cayeron en batalla. A pesar de haber logrado tomar la posición defendida por el gobierno, el alto costo en vidas y recursos convirtió su victoria en una derrota inevitable. Frente a ellos, un ejército conservador, mejor pertrechado y estratégicamente atrincherado en el sector de El Banco en la ribera del Magdalena, consolidó el desmoronamiento del radicalismo. La batalla de La Humareda no solo marcó el sacrificio final de los liberales en defensa de la soberanía de los Estados, sino que sentenció el triunfo de la Regeneración y allanó el camino para la imposición del orden centralista, autoritario y clerical que se consolidaría con la Constitución de 1886.

Vargas Vila describió la batalla de La Humareda con un tono épico y trágico, presentándola como el sacrificio final de los radicales en defensa de la soberanía de los Estados y de las libertades que habían definido a los Estados Unidos de Colombia. La muerte de figuras clave como algunos de los que menciona no solo representó la pérdida de los más destacados líderes políticos y militares de la causa, sino también el fin de una era para el liberalismo radical.

La Humareda fue su tumba. Allí, entre el fragor de aquella batalla colosal, sobre las trincheras que había tomado a esfuerzo de su valor, coronado de gloria, tinto en sangre y envuelto en la bandera de la República, cayó aquel héroe de quien pudiera decirse con el poeta: “Vivió para su Patria un solo instante, vivió para la gloria demasiado”.

Con la Constitución de 1886, el país adoptó un modelo que otorgó a la iglesia católica un papel preponderante en la educación, restringiendo las ideas liberales y cerrando espacios para el pensamiento crítico y la enseñanza laica. Fue en este contexto adverso que surgió la Universidad Externado de Colombia en 1886, fundada por Nicolás Pinzón Warlosten como un refugio para los principios liberales que habían sido derrotados en La Humareda. Ante el cierre de colegios y universidades liberales, el Externado se convirtió en un bastión del pensamiento crítico, la educación laica y la defensa de los derechos civiles, formando generaciones de juristas, intelectuales y políticos comprometidos con la idea de la libertad. Por ello, se dice que los externadistas son “los hijos de La Humareda”, pues encarnan el espíritu de resistencia y la lucha por una educación libre de dogmas e imposiciones autoritarias.

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