Jesús Antonio Bejarano y su disposición constante al análisis crítico
Durante la III Cátedra en memoria del destacado economista, la Facultad de Economía de nuestra Casa de Estudios rindió un sentido homenaje en el que participaron docentes, investigadoras(es) y estudiantes.
La violencia por la que tanto luchó fue la misma que se lo llevó. El 15 de septiembre de 1999, mientras se encontraba en el salón 238 del edificio de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, exmiembros de las FARC-EP le arrebataron la vida. Sus amigos más cercanos lo recuerdan como un lector voraz, un escritor prolífico y un intelectual comprometido con la rigurosidad, la libertad de pensamiento y la construcción de paz.
Tal vez las nuevas generaciones no lo recuerden, pero Chucho dejó una profunda huella en nuestra Facultad de Economía y, por ende, en la Revista de Economía Institucional. Tenía la capacidad de transformar textos básicos en análisis críticos y certeros que no solo aportaban a la teoría económica, sino que alimentaban la formulación de políticas públicas para un país más justo.
“El profesor Bejarano representa un economista comprometido con lo nacional. Su trayectoria lo llevó a ocupar importantes cargos, como el de consejero de Paz durante el gobierno de Virgilio Barco, participando activamente en el plan de rehabilitación”, dijo Juan Pablo Herrera, decano de la Facultad de Economía.
El vínculo de Jesús Antonio Bejarano con el Externado también fue profundo. Su legado sigue vigente en una comunidad académica que reconoce la necesidad de confrontar ideas sin que estas se conviertan en barreras. Pensar distinto, como él lo hizo, es también construir universidad.
Pese a la complejidad de la realidad colombiana, el profesor Bejarano insistía en que no se podía ceder al pesimismo y que comprender la violencia exigía pensamiento profundo, compromiso ético y análisis crítico.
Conversatorio: enseñanzas y anécdotas
Durante el homenaje, los exdecanos de la Facultad Antonio Hernández y Mauricio Pérez recordaron diferentes facetas de Bejarano: el ciudadano, el profesor, el investigador y el amigo.
“Jesús era un ciudadano ejemplar, en el sentido más amplio del concepto. Su empeño fue siempre el de contribuir, desde múltiples ámbitos, a la construcción de una Colombia más amable”, dijo Mauricio Pérez.
Los docentes destacaron su rigurosidad investigativa, su capacidad para producir conocimiento y su rol como analista agudo, capaz de vincular teoría económica con los problemas reales del país. Sus aportes no se limitaron a las aulas: fue un actor clave en debates sobre políticas públicas, tanto como asesor, funcionario y pensador independiente.
Antonio Hernández recordó con afecto el trabajo conjunto con Bejarano hace más de 50 años, cuando ambos buscaban fortalecer una facultad rigurosa, pluralista y comprometida con la realidad nacional.
También evocó su humor característico, como cuando, al adquirir su apartamento, se autodefinió como “un pequeño proletario y gran deudor”.
El carácter no dogmático de Bejarano, incluso en medio de su vehemencia argumentativa, fue una constante llamada al diálogo. En su pensamiento, la contradicción no era un obstáculo, sino una oportunidad para el debate constructivo.
En el segundo panel participaron las(os) docentes Edna Sastoque, Tatiana Gelvez y Jorge Iván González, quienes profundizaron en el pensamiento económico de Bejarano.
Para Edna Sastoque, Bejarano concebía la economía como un fenómeno social e histórico. Su enfoque iba más allá de los tecnicismos: el análisis económico debía considerar las relaciones de poder y el contexto sociopolítico en el que se inscribe. Pues, en últimas, el pensamiento de Chucho no podía encasillarse en una escuela específica.
El evento también contó con la presencia de Consuelo Páez, esposa de Bejarano, cuya sola presencia evocó el compromiso humano y afectivo que el economista mantuvo hasta el final de sus días.
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