[OPINIÓN] Aranceles ¿error proteccionista?

Por: Ricardo Esquivel – Doctor en Historia (UNC)

El gobierno Trump impuso un aumento de aranceles aduciendo que ello aumentará la inversión, el empleo y el crecimiento de la industria de Estados Unidos -EE.UU.; un objetivo adicional sería fortalecer su seguridad nacional haciendo que EE.UU dependa menos de productos chinos. Primero anunció aranceles del 10% a las importaciones desde China y del 25% a las importaciones de acero, aluminio y automóviles. Estos afectando a productores de México, Corea del Sur, Japón, Canadá y Alemania, países todos sus socios o aliados. Luego anunció aranceles, entre el 49% al 24%, a los países asiáticos; entre el 37% al 15% a los europeos y, entre el 18% al 10% a los latinoamericanos y otros países. Más reciente, ante una reacción reciproca le impuso hasta el 145% a China.

Lo cierto es que EE.UU. ha tendido a imponer barreras comerciales desde hace dos siglos (Irwin, 2006). Iniciando el XIX se trataba de proteger sus exportaciones agrícolas y, contra el comercio de Gran Bretaña. Luego de la guerra de secesión los aranceles se justificaron para proteger su industria manufacturera; así, entre las dos guerras mundiales el proteccionismo estadounidense se fortaleció. Al concluir la IIGM ese país promovió un discurso de libertad comercial global como un medio para expandir sus exportaciones (Lipset, 1995). Desde entonces y hasta los años 80, aunque tendió a bajar los aranceles EE.UU incrementó otras barreras contra las importaciones.

En contraste Colombia ha sido proteccionista episódicamente. La historiografía partidista reivindica la vigencia del librecambio entre 1847 y 1885. De hecho, en 1910, un colombiano observó que Colombia exportaba café, banano, oro, cueros, caucho, tagua y otros bienes primarios; pero importaba harina, sombreros de fieltro, puntillas, locomotoras, cementos y muchas otras manufacturas (Álvarez, 1910). Recomendaba superar este desbalance, como hace hoy Trump, recurriendo al llamado “error proteccionista”: proteger sus industrias evitando la concurrencia de manufacturas foráneas. Aducía que sin industrias que generen empleo, habría cada vez menos consumidores para las manufacturas importadas, por baratas que fueran. Además, que la verdadera fuente de riqueza no eran los recursos naturales del país sino el trabajo creativo de sus habitantes.

Si bien entre las dos guerras mundiales en Colombia se favoreció alguna industrialización, esta no devino de una política proteccionista (Sáenz, 1990); tampoco ocurrió así con la fase industrializadora pos-IIGM, cuando las restricciones comerciales dependían más del manejo cambiario y la exportación de café (García, 2014). Desde 1991 el gobierno decretó la “apertura económica”, una liberalización del comercio exterior, mantenida con oscilaciones hasta hoy. Asi desde la década de 1970 Colombia ha sufrido un proceso de desindustrialización (Buendía et al., 2016), al tiempo que incrementaba la exportación de bienes primarios; en consecuencia el empleo creció más lentamente y el país se hizo más dependiente tecnológicamente (Rodríguez, 2010).

Lo cierto es que hoy EE.UU. además de ser un país desarrollado es una potencia hegemónica, impone conductas al comercio global. Colombia, al contrario, se ubica en los últimos puestos del Índice de Desarrollo Humano –IDC y el PIB per cápita, entre los países de la OCDE, como depende de muchos otros países. ¿Error proteccionista o apertura? Mejores respuestas aportaría la Historia Económica, pues comprender el pasado es sinónimo de buenas decisiones para el futuro.

140 años de historia