Pieza del mes

Septiembre de 2025

José María Obando Berruecos en trage de mañana, uno de los asesinos del ilustre general Sucre – Carlos Casar de Molina [litógrafo] (1831)

Pablo Alejandro Ruiz Galvis – Estudiante de Historia y voluntario de Lux non occidat

Una caricatura que se enmarca en las tensiones y conflictos políticos que se dieron durante los primeros años de vida republicana, es la de José María Obando Berruecos del caricaturista José María Núñez y el litógrafo Carlos Casar de Molina, que representa una interpretación del asesinato del Mariscal Antonio José de Sucre, y es una de las primeras caricaturas políticas realizadas en nuestro país.

De la colección Lux Non Occidat: Museo y Archivo Histórico.

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Esta caricatura narra un momento tenso dentro de la historia de Colombia, en el que se enfrentaron dos poderes políticos y dos proyectos diferentes de nación. A su vez, es un vestigio de la historia de las artes y de la crítica gráfica del país. De forma que, en ella se encuentran entrelazadas historias sobre la conflictiva construcción de la democracia y la nación colombiana en la primera mitad del siglo XIX.

Actualmente, el uso de la caricatura, la sátira y la burla como formas de crítica hacia figuras de la vida pública —especialmente en los ámbitos político y social— ha dejado de tener la relevancia que tuvo entre la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX. La labor del caricaturista, que hoy en día es fácilmente reconocida y valorada, tiene raíces profundas en la historia de la crítica gráfica, desde el Imperio Romano, pasando por la Reforma Protestante, hasta las representaciones satíricas de monarcas como Luis XIV en Francia o Jorge III en Gran Bretaña durante el siglo XVIII.

La caricatura como género nació en Inglaterra, de ahí se trasladó a Francia, donde alcanzó gran importancia con impresos como La caricature y Le charivari que se constituyeron como elementos de profunda crítica contra los reyes Luis Felipe y Napoleón III. Con el paso del tiempo este género llegó a Colombia, donde se publicaron las primeras críticas gráficas en los inicios del siglo XIX. Esta expansión de la caricatura estuvo acompañada por el desarrollo de las técnicas de impresión, en las que se encuentran el grabado en metal, la xilografía y la litografía, siendo esta última la usada por Carlos Casar de Molina para producir esta pieza, representando una importante alianza entre la litografía y la caricatura, que se fortalecería con los años. Además de Casar de Molina, muchos otros usaron la caricatura política en el siglo XIX como forma de expresión. Entre ellos se cuenta a José María Espinosa -considerado el primer caricaturista colombiano-, José Manuel Groot, Ramón Torres Méndez y Justo Pastor Lozada, discípulo de Casar de Molina.

Casar de Molina (ca. 1795-1848) llegó a Colombia junto con la litografía, contratado por el gobierno colombiano por su conocimiento y experiencia como litógrafo. Natural de España, se trasladó a Colombia en 1830 y se radicó en Bogotá, desde donde desarrolló su actividad imprimiendo diferentes documentos oficiales. Casar de Molina fue considerado simpatizante de Francisco de Paula Santander. Sin embargo, durante su estancia en Cartagena se acercó cada vez más a los bolivarianos. Es en el marco de esta nueva aproximación política que grabó una serie de caricaturas, entre 1831 y 1836, dibujadas por José María Núñez, en las que se esgrimían críticas contra Santander durante su presidencia. Más allá de sus caricaturas, Casar de Molina representó un gran aporte para las artes gráficas en Colombia. Como maestro, legó sus conocimientos a Justo Pastor Lozada, quien continuó con la producción de caricaturas políticas en la década de 1850 en Los Matachines Ilustrados.

En esta caricatura, Casar de Molina está representando el asesinato del mariscal Antonio José de Sucre, hombre de confianza de Simón Bolívar, por parte del general José María Obando quien observa el hecho mientras dice: “El que mire que se valla”, con ánimo de silenciar a los posibles testigos. Elaborada mediante litografía coloreada a mano, refleja el tenso ambiente político del país, entre 1819 y 1830, que llevó a la conspiración para asesinar al mariscal Antonio José de Sucre, acto del que se señaló como posibles responsables a Juan José Flores, líder del separatismo ecuatoriano, y al general Obando, comandante de las milicias del Cauca, quienes se culparon mutuamente de haber organizado el asesinato.

El retrato de José María Obando en “traje de mañana” no solo ridiculiza su apariencia, sino que también lo incrimina visualmente, reforzando el mensaje político mediante el uso de la caricatura como herramienta de denuncia. La composición combina elementos de retrato formal con exageraciones propias del arte satírico, lo que evidencia la influencia del periodismo ilustrado y la intención de provocar una reacción crítica en el espectador.

Se han formulado varias preguntas acerca de las razones que llevaron a conspirar contra la vida de Sucre. De acuerdo con Eugenio Gutiérrez Cely “este fue un asesinato político, y política habría de ser la respuesta que desde entonces dieron los historiadores a esa pregunta […] solo un fallo es concluyente: los asesinatos políticos se esclarecen de acuerdo con la conveniencia política de quien los juzga”. Gutiérrez señala que la violencia política fue una herramienta común durante la campaña libertadora, empleada tanto por realistas como por republicanos, y el asesinato de Sucre no se sustrae de esa lógica. Desde esta caricatura se puede hacer un acercamiento a las complejidades políticas de la primera mitad del siglo XIX, mostrando el enfrentamiento entre realistas, santanderistas y bolivarianos por la hegemonía política en el territorio, dejando ver un momento de fragmentación con la disolución del proyecto de Simón Bolívar de una “Gran Colombia”, que se consolidó con la separación de Colombia, Ecuador y Venezuela en tres estados independientes.

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